Sobre Espóndilitis Anquilosante (EA)...

 

 

¿Qué es la espondilitis anquilosante?

 

Precisamente su nombre, aunque suene al prin- cipio muy extraño, deriva de dos palabras procedentes del griego que de nen muy bien las características de esta enfermedad: “espondilitis” signica inflamación de la columna vertebral y “anquilosis” signica articulación rígida.

 

Es decir es una enfermedad crónica en la se inflama la columna vertebral y que en ocasiones causa la rigidez y pérdida de los movimientos de la columna vertebral.

La inflamación crónica de la columna hace que se formen unos puentes óseos en las vértebras, llamados sindesmofitos, que pueden llegar a unir dos vértebras vecinas, limitando el movimiento de la columna.

¿Cuales son las causas que la producen?

El mecanismo por el cual se produce la enfermedad no está aún totalmente claro. Se sabe que existe una predisposición genética. Entre los genes implicados el más importante es el HLA-B27, presente en la gran mayoría de los pacientes con espondilitis anquilosante y con menor frecuencia en el resto de enfermedades del grupo de la espondiloartritis.

El tener este gen es relativamente frecuente entre la raza blanca, pero menos del 10% de los portadores del HLA-B27, van a presentar la enfermedad. Por tanto, la realización de una prueba genética solo tiene utilidad para el diagnós- tico cuando además existen datos clínicos que hacen pensar en la enfermedad.

Además de la predisposición genética se sospecha que algunos gérmenes del intestino pueden tener un papel importante en el desarrollo de la enfermedad. No se sabe bien que gérmenes pueden desencadenar la inflamación, ni tampoco que una dieta específica para evitar el crecimiento de estos microorganismos o un tratamiento antibiótico para eliminarlos, sea capaz de curar la enfermedad.

 

¿Cuáles son los síntomas?

 

Las espondiloartritis, como otras enfermedades inflamatorias de las articulaciones, tienen un curso crónico. Sus síntomas varían en intensi- dad a lo largo del tiempo, alternando periodos de actividad de la enfermedad, denominados brotes, con otros en los que el paciente presen ta menos molestias. Los síntomas pueden ser muy diferentes y variar de un paciente a otro. Hay pacientes que sólo tienen molestias leves y otros una enfermedad grave que les causa anquilosis o rigidez de las articulaciones y síntomas muy importantes.

En general van a predominar los síntomas en la columna vertebral, que suelen iniciarse de for- ma lenta y gradual. Lo más frecuente es el dolor y la rigidez de la columna, con unas características especiales, que lo diferencian de otros tipos de dolores muy frecuentes en la columna producidos por la artrosis o por lesiones de los discos vertebrales.

El dolor de los pacientes con espondiloartritis es “de tipo inflamatorio”. Suele ser más intenso por la noche y con frecuencia despierta al pa- ciente de madrugada, a las 4 o 5 horas de estar acostado. Al levantarse por la mañana la rigidez de la espalda es importante y tarda tiempo, a veces algunas horas, en disminuir. Esta rigidez matutina mejora con el ejercicio y tiende a re- ducirse a lo largo del día. El dolor suele localizarse en la parte central de la columna o en la parte baja (dolor lumbar). Es más raro que en las fases iniciales de la enfermedad se afecte la columna cervical, pero sí suele hacerlo en fa- ses más avanzadas. La espondiloartritis suele iniciarse a una edad joven, entre los veinte a los treinta años y rara vez los síntomas se inician pasados los 45 años.

Con el tiempo, la inflamación puede desencadenar un proceso por el cual las vértebras llegan a fusionarse o soldarse entre sí, haciendo que la columna pierda su flexibilidad. Cuando esto sucede, la extrema rigidez de la columna provo- ca un estado de anquilosis que puede incluso limitar la capacidad pulmonar

 

Otro síntoma muy característico de las espondiloartritis es la inflamación de las articulaciones sacroiliacas o sacroilitis. Estas articulaciones, situadas en ambas nalgas, suelen inflamarse sobre todo en el inicio de la enfermedad y pueden causar un dolor intenso que a veces se irra- dia por la parte posterior de una o ambas piernas y puede hacer pensar de forma errónea que se trata de una "ciática".

 

Otra localización que causa síntomas frecuentes en las espondiloartritis es la inflamación de las entesis, denominada “entesitis”. Las entesis es la zona en la que los tendones se insertan en el hueso. Aunque existen centenares de entesis, las que se afectan con más frecuencia en las espondiloartritis se localizan en los miembros inferiores, especialmente en la zona del talón, causando inflamación del tendón de Aquiles

o en la planta del pie. Es habitual que si existe una entesitis se produzca dolor al movilizar esta zona o cuando se palpa directamente sobre esta parte inflamada del tendón.

También pueden inflamarse los ligamentos en la cara anterior de las rodillas, en la unión de las costillas por su parte anterior con el esternón, o en la posterior con la columna, o en la zona alrededor de la pelvis. Las entesitis afectan tanto a tendones del esqueleto periférico como el axial y por tanto son síntomas comunes a los dos tipos de espondiloartritis que hemos mencionado La artritis es la inflamación de una articulación, que causa hinchazón, en ocasiones enrojecimiento y sobre todo dolor al mover la articulación y al tocarla. También es habitual y característico que la articulación inflamada esté más caliente que el resto de las articulaciones. A veces la inflamación causa la producción excesiva de líquido sinovial lo que se denomina “derrame articular”. Cuando esto ocurre, los síntomas de artritis y la hinchazón de la articulación se hace muy manifiesta, apareciendo una importante pérdida de la movilidad de esa articulación.

El líquido sinovial actúa como un lubricante articular que además permite la llegada de nutrientes a las zonas más profundas de la articulación. En una articulación sana este líquido es una película que baña el interior de la articulación, pero cuando la articulación se inflama, se puede producir una inflamación excesiva de líquido sinovial, que en ocasiones es necesario extraer (mediante una punción articular) para mejorar los síntomas y evitar que un exceso de células inflamatorias, puedan dañar la articulación.

Otras de las manifestaciones que aparecen en una cuarta parte de los pacientes con espondi- loartritis es la uveítis. Consiste en una inflama- ción de la capa del ojo que se encarga de llevar el aporte sanguíneo a todo el globo ocular. Esta inflamación constituye una emergencia médi- ca, ya que si no es tratada puede conducir a la ceguera. Los síntomas incluyen dolor, ojo rojo, sensibilidad a la luz (fotofobia), disminución de la visión o visión borrosa y ver puntos negros

¿Cómo se diagnostica la EA?

 

Uno de los principales problemas en el diagnós- tico de las espondiloartritis, hasta hace pocos años, era su retraso diagnóstico. Habitualmente el diagnóstico se sospecha en base a los síntomas y a las complicaciones que hemos referi- do con anterioridad, pero para su con rmación suele ser necesario la ayuda de otras pruebas diagnósticas, especialmente de las radiografías. Las radiografías y en especial las de la columna y las de sacroiliacas permiten observar la exis- tencia de lesiones típicas en las vértebras y articulaciones sacroiliacas, lo que permite confirmar el diagnóstico de espondilitis anquilosante. Sin embargo, no siempre es fácil observar estos signos de sacroilitis radiográfica y además lo habitual es que estas lesiones en las radiografías no aparezcan hasta que pasan varios años desde que se inició la enfermedad.

Con elfin de facilitar y realizar un diagnóstico más precoz se han diseñado nuevos criterios para permitir el diagnóstico en aquellos pacientes tes en los que existe una alta sospecha de pa- decer una espondiloartritis axial pero sin lesiones visibles en las radiografías. En este grupo de pacientes a la enfermedad se le denomina espondiloartritis axial no radiográ ca. En estas personas la única forma de llegar al diagnóstico es valorar junto a la existencia de las manifestaciones clínicas (especialmente el dolor de tipo inflamatorio en la columna vertebral y/o en sacroilíacas), la presencia de lesiones inflamatorias en las sacroiliacas mediante técnicas como la resonancia magnética nuclear (RMN) o la existencia del antígeno HLA-B27 positivo.

El HLA-B27 es una prueba que cuando es positiva apoya el diagnóstico en pacientes que además ya presentan otros datos sugestivos de pade- cer una espondiloartritis. Sin embargo que esta prueba sea positiva en ausencia de otros datos, tiene poco valor diagnóstico, ya que es un antígeno que también está presente en personas sanas que nunca van a padecer la enfermedad. Al estar ante una enfermedad inflamatoria, algunos análisis pueden detectar también estas alteraciones. Son los denominados reactantes de fase aguda: velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C reactiva (PCR). Pero a diferencia de otras causas de artritis crónica, en las espondiloartritis, estos análisis pueden permanecer normales en casi la mitad de los pacientes, incluso cuando existe un brote inflamatorio.

¿Cómo se trata la Espondilitis anquilosante?

 

Los antiinflamatorios no esteroideos son la primera línea de tratamiento farmacológico, acompañados siempre de un plan de terapia física y rehabilitación. 

 

Los glucocorticoides "cortisona" son seleccionados por los reumatólogos en pacientes candidatos a ser tratados con éstos fármacos. 

 

Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FARME) incluyen medicamentos que regulan la respuesta inmunológica del paciente y abaten a la enfermedad para mantenera bajo control.

En pacientes seleccionados, nuevas moléuclas como el grupo de fármacos denominados "biológicos" son de gran utilidad en el control de la inflamación y síntomas de la EA, éstos medicamentos sólo pueden ser prescritos por especialistas en Reumatología. 

 

¿Cuál es la evolución de los pacientes que tienen espondilitis ?

 

Una de las principales características de las es- pondiloartritis es el dolor de ritmo inflamatorio, especialmente en la columna vertebral y arti- culaciones sacroilíacas, que con el tiempo pue- de llegar incluso hasta el cuello.

Se desconoce por qué en unos pacientes la enfermedad no progresa y en otros la inflamación mantenida conduce, tras varios años, al desarrollo de una espondilitis anquilosante, apareciendo en las radiografías una fusión de las vértebras y una rigidez progresiva de la columna.

El punto de unión de las costillas a la columna también puede soldarse, lo que reduce la expansión normal del pecho durante la respiración y la hace más difícil. 

Es una enfermedad crónica que progresa produciendo brotes o ataques de inflamación de las articulaciones de la columna vertebral, o de otras articulaciones como los hombros, las ca- deras, las rodillas o los tobillos. Entre ataque y ataque, generalmente, el paciente se queda sin síntomas de dolor y mantiene una actividad co- tidiana normal. Normalmente el paso del tiempo juega a favor del paciente, porque con la edad los brotes suelen distanciarse y ser cada vez más leves.

Hoy en día, la espondilitis anquilosante no constituye una enfermedad grave debido, principalmente, a que cada vez se diagnostica antes y a que se dispone de fármacos e caces. Adelantar el inicio del tratamien- to con medicamentos y rehabilitación, evita que la enfermedad progrese hasta llegar a que se suelden todas las vértebras o anquilosar la columna, lo que permite mantener la movilidad de los pacientes.

 

 

 

Información recabada por expertos certificados en el Tema, con apoyo de material para pacientes del Colegio Americano de Reumatología. 

Esta hoja de datos para pacientes se proporciona solamente para información general. Las personas deben consultar a un proveedor de salud calificado para obtener asesoramiento médico profesional, diagnóstico y tratamiento de una condición médica o de salud.